domingo, 5 de agosto de 2018

Divindu - Elefantes

4 de agosto - sábado
DIVUNDU


20:30 de la noche en Divundu, localidad a la que llegué hoy. Desde las 18:30 ya no hay luz diurna, oscurece pronto.

Pero la crónica de este dia comienza en realidad ayer dia 3 viernes sobre las 7 de la noche.

Mis dos maestros anfitriones no han podido conseguir tomates para hacer la salsa para acompañar a los espaguetis. Tenemos que improvisar asi que cenaremos solo la pasta con cebolla pochada. Yo me acerco a la tienda del pueblo y consigo un bote de carne de 300 gramos que juntaré con la parte de los espaguetis que me pertenecen. Comí la mitad y reservo la otra parte para la comida del dia siguiente, es decir, para hoy.

Los maestros y otros tres amigos cocinan en la calle, como es habitual en esta parte de África; unos troncos de leña, tres piedras para soportar la cazuela y a cocinar.

Es viernes, mañana no hay clase y los maestros y sus amigos, todos treinta añeros, hablan de cosas del dia. A los pocos minutos llega otro amigo, este dice que "fala portugues", pero no, sabe cuatro palabritas lo mismo que yo de inglés. Este recien llegado me regala un pequeño tríptico sobre temas religiosos de su iglesia.

- Ah, ¿Eres cristiano?, le pregunto,
- No, soy Bautista, me responde.

Y yo me quedo sorprendido porque a lo que veo el chico anda algo desconcertado.

Es un momento agradable. La falta de luz eléctrica hace que el fuego de la "cocina" se convierta en protagonista subyugante de la velada. El presunto hablante de portugués y uno de los maestros se enzarzan en una discusion sobre religiones que yo solo alcanzo a intuir.

Me despido, se hace tarde y estoy cansado. Gracias a todos por vuestra amabilidad y hospitalidad. good night friends¡¡

05:30 a.m. Suena la alarma de mi teléfono. Recojo la tienda de campaña y cargo todo en la bicicleta. Es la rutina de cada mañana.

06:30 a.m. Empujo la bicicleta fuera del pueblo sobre caminos de arena hasta la carretera. Aún no es de dia pero la luna en cuarto menguante aporta la luz suficiente. Me pongo en marcha. Por delante me quedan 112 kilometros que debo hacer para llegar a Divundu.

A la media hora, unos cánticos en grupo me recuerdan que hoy es sábado. La gente por estos lares es muy religiosa y como en paises anteriores fomentan las reuniones por congregaciones religiosas durante el fin de semana. La imagen que veo a mi paso, es a un grupo de personas que cantan y bailan juntos al son de sus propios cánticos ensayados y de tambores. Los intuyo más que los veo, aún las luces del dia son tenues y es el mortecino fuego de una hoguera de su campamento quien me ayuda a ver a los celebrantes. Las mujeres mayoritariamente llevan faldas largas y blancas. Otros grupos visten distinto, en realidad, son uniformes que los identifican. Son las 06: 45 de la mañana.

Avanzó rápido. La carretera es llana y recta, incluso una ligera brisa me ayuda golpeando mi espalda. Me ilusiona llegar a Divuldu y descansar un par de dias. Hace cinco que no tomo una ducha completa y mi higiene es bastante deficiente.



07:00 a.m. El sol intenta asomar a mis espaldas. Hay una bruma baja y al astro rey le cuesta despuntar. Pasan los minutos y se pone de un rojo intenso que llama la atención. Pareciera que su color se debe al enfado con la bruma o quizá esté avergozado de no poder con ella. Es cuestión de tiempo. El sol se eleva y empieza a lanzar rayos cada vez más incisivos sobré mi espalda. Mi sombra me antecede y se proyecta unos metros delante de mi recordándome que me dirijo hacia el oeste.

Recorro los primeros kilómetros a un velocidad de unos 16 kilometros de media, cosa destacable teniendo en cuenta el peso que arrastro. Es lógico, mis fuerzas están intactas en la mañana y decido controlar seriamente los ritmos que debo seguir teniendo en cuenta la distancia falta para llegar a mi destino.

Me informaron que en la localidad llamada Omega conseguiría comida. No es cierto, quizá porque es sábado y cierran todos los negocios casi de forma unánime. Pero yo tenia previsto este asunto al haber guardado parte de los espaguetis de la cena del dia anterior.

Agua no me falta, De todos modo soy un tipo que suda poco y tampoco bebo mucho. En vista de ello mi tranquilidad es grande y sigo avanzando a buen ritmo.

La señales de tráfico anunciando peligro por la presencia de elefantes y perros salvajes se suceden continuamente.

Recuerdo que estoy atravesando varios parques naturales protegidos por ley y donde habitan animales salvajes, una gran flora y muy pocas personas.


En una de esa rectas infinitas aparece en direccion contaria una moto con su ocupante. Nos paramos cada uno en su lado de la carretera y durante breves minutos, este español y ese australiano intercambiamos información. El vive en Mali y va camino de Tanzania. El muy jodido no pedalea, es más inteligente que yo y viaja sobre una scooter de no más de 75 cc. tan ricamente. Decido que consideraré esa opción para mi próximo viaje. Me advierte este hombre que en 300 metros vió elefantes.


Efectivamente, pude observarlos y sacar unas fotografias de este grupo de algo asi como veinte miembros de la manada. La pena es que estaban a no menos de ciento cincuenta metros.

Pero es dia me deparaba la mayor de las sorpresa cuando ya solo faltaban quince kilómetros para llegar a mi destino.

Camino por mi izquierda. Desde que salí de Nairobi sigo la norma británica de circular por ese lado. Qué retorcidos son estos británicos, joder. Y de pronto, zas¡, a unos pocos metros de mi, en mi lado de la carretera,  aparecen cuatro maravillosos elefantes que me dejan estupefacto por la sorpresa.

Dada su cercanía, unos treinta metros, giro bruscamente la bicicleta y la dejo en el carril contrario apuntando hacia una posible via de escape. Todo sucede muy rápido, me paro, cojo mi cámara de fotos e intento retratar lo que veo mientras no pierdo de vista los gestos de amenaza de unos de uno de los elefantes.




Creí morirme de emoción. Quizás lo hice y resucité. Fue un momento mágico, maravilloso. No se trataba de documentales de la tv, no, era real, estaba ante unos de los maravillosos animales de África y del mundo. Fue una experiencia única, sensacional. Fue un dia maravilloso y yo me emocioné hasta la médula.

21:30 p.m. Estoy en Divindu. encrucijada para dirigirme a Bostwuana. La frontera está a treinta y seis kilómetros tan solo. Han sido dias duros de pedaleo, con rectas de mucho control sicológico, calor y falta de alimento. Necesito un par de dias sin bicicleta. Mis músculos estan machacados y mis piernas llenas de picaduras de mosquitos. Todos los mosquitos de África se han cebado conmigo. Estoy cubierto de ronchas, algunas tan grandes y de un picor tan intenso que me hacen ver en el otro lado sospechando que debe haber un orificio de salida. Malditos bichos!

He ido a una tienda de ultramarinos. Este pueblo no es grande pero está situado en un lugar estratégico, asi que es fácil encontar lo necesario y hasta lo prescincible.


Pero además, me he instalado en un Guest House a unos metros del Rio Okavando, y me permito el lujo de disponer de cama con colchón para mi solo, ducha con agua caliente y una botella ve vino "crackling red perle wine"  de 12'5 º, sud africano,  que me ayudó a rematar este recordatorio del dia sin dormirme. Necesitaba, y mucho, esta parada. Después de cinco dias consecutivos de tienda de campaña y aseos precarios solo pedia esto: una habitación decente, un colchón suave, algo   que comer y un par de copas de vino peleón.

Y mañana sea otro dia. Mi vecino de  alojamiento es un francés que lleva cinco años viajando por el mundo. Quedamos a  las 07:30 a.m. para desayunar. Seguro que me viene muy bien su infomacion. Tan solo  hay que echar un vistazo a su mapa para comprobar la capacidad de organizacion de este hombre


A mi botella de vino aún le quedan varios tragos pero no me apetece ni uno más a pesar de mis nostalgias.

Y tengo sueño.

goodnight  people... ¡¡






3 comentarios:

  1. Hola Luis. Da gusto leerte e imaginar todo eso desde la distancia, sin las penurias y el esfuerzo que conlleva pero con la emoción que transmites. Te sigo en tu aventura gracias a este particular cuaderno de bicicleta.
    Un abrazo desde el 13 de Jaime Janer

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  2. Hola Luis. Da gusto leerte e imaginar todo eso desde la distancia, sin las penurias y el esfuerzo que conlleva pero con la emoción que transmites. Te sigo en tu aventura gracias a este particular cuaderno de bicicleta.
    Un abrazo desde el 13 de Jaime Janer

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  3. Hola consuegro, no dejes de escribir en tu blog, lo llevo al día aunque no hago comentarios...es una experiencia superemocionante. Te deseamos mucha suerte y continuar con esa gran aventura. Un abrazo desde Santiago de Compostela

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