11 de junio 2018
NAIROBI - KAJIADO
NAIROBI - KAJIADO
Todo está en orden, la bicicleta y yo mismo. Toca pues arrancar el viaje verdadero. Mientras me despido de esta familia keniata con la que he convivido tres días, nos hacemos unas fotos para el recuerdo. Qué buena gente y cuanta amabilidad me han dedicado. Muchas gracias.
Es importante ser previsor, y dado que Nairobi es un caos con el tráfico ya tenia reservado alojamiento en un punto no solo cercano al aeropuerto, sino y mas importante, muy cerca de la salida a la carretera de Namanga, dirección a Tanzania, Aún Así, se hace inevitable soltar unos cuantos improperios por la mala leche (que nadie entiende) que te dejan un tanto desahogado. No hay forma, es un mal común que no te respeten en absoluto y que te hagan todas las perrerías pensables. Hoy, algunos vehículos me han pasado tan pegados que pensaba que acabaría contra alguna cuneta. Desgraciadamente algo muy frecuente.
Hice parada en KAJIADO, un pueblo a 60 km de Nairobi. Salvo los conductores, el reto de la gente es super amable y constantemente te llaman Mazungu a tu paso y te saludan de formas varias.
Podía haber continuado pero era la primera etapa y mejor controlar el cuerpo, que lo tenia un poco raro. Resulta que ayer domingo debió haber sido el primer día de bicicleta pero al echar pie de la cama, eran las seis de la mañana, me empecé a sentir fatal y tuve una fuerte bajada de tensión. Quien lo haya padecido alguna vez sabe que inmediatamente te vas a desmayar y caer a plomo al suelo, por eso, y como experto en estos lances, me tire en la cama y pase allí el proceso hasta que me desperté cubierto de un abundante sudor muy frío. Esta es otra de las consecuencias de la bajada de tensión. Y así, el cuerpo se queda absolutamente baldado, sin fuerzas para nada y solo deseas estar tumbado y dormir. Así pase el domingo, tumbado y bien jodido en la soledad del dormitorio y, obviamente aborté la salida. ¿Cuál fue la causa?, pues ni idea, francamente. Yo creo que debió picarme cualquier bichejo, tal vez una araña. Lo cierto es que unas tres horas antes me habia levantado al aseso y nada me hizo sospechar lo que después ocurrió después. Pero al dia siguiente me sentí con fuerzas y aguanté muy bien la etapa.
Bien, en este pueblo paré, comí y me senté en la acera a pensar si continuaba. Y como era de esperar, al rato empezaron a llegar hombres (siempre son hombres) hasta que fueron tantos que me rodearon y me machacaron a preguntas.
Lo normal, vamos. Que de donde eres, que a donde vas, que si la bici es cara, que una foto conmigo... pues eso, lo normal. Al final, siempre sacas el aprovecho de que con la confianza alguien te acompaña en busca de un alojamiento que siendo barato es el más decente. Recuerdo aquí que yo viajo tratando de minimizar gastos adaptándome al lugar y a sus modos de vida, ya sea en el comer, beber, dormir y pasear con ellos o entre ellos.
Y hoy paseé bastante, eso si. Y me sorprendí de ver tanto masai en esta zona con sus típicos palos en la mano como una extensión más de su cuerpo, y muchos con una pala, que supongo que es para trabajar la tierra. En fin, una sorpresa super agradable porque son verdaderamente auténticos, no se ponen ante el turista de torno para recibir una moneda por la foto, no, estos viven en la zona, vienen a abastecerse de víveres y todo lo que necesitan para su vida cotidiana, que dicho sea de paso no parece que sea mucho lo que sus necesidades piden.
Es fantástico ver a las mujeres cubiertas de adornos típicos de los masais en cabeza, orejas (mayormente rajadas) brazos y tobillos, todos de fabricación propia, mientras iban de tienda en tienda andando por la calle. Una pasada. Y lo que me espera, porque estoy a solo cien kilómetros del Kilimanjaro y del Masai Mara, donde el pueblo masai allí en bien amplio.






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