viernes, 29 de junio de 2018

29 de junio 
MBEYA - TUKUYU 

Había decidido adelantar camino para acercarme  Malawi y así lo hice. Desde un punto de vista práctico fue una buena decisión porque la carretera está en obras a lo largo de muchos kilómetro, con desvíos por tierra y un tráfico elevadísimo, especialmente camiones, y sin arcenes en gran parte del camino. La verdad es que me he evitado mucho polvo y algún que otro disgusto.

En Iringa se dio la casualidad de volverme a encontrar con Damian y Mayella, un matrimonio con el que coincidí en Arusha y que han iniciado un viaje por dos años por diversas partes del mundo. Tremenda la casualidad, la verdad. Lo cierto e que pude disfrutar de su compañía un par de días. Ahora ellos tomaron un autobús a Malawi y yo he vuelto a la carretera a pelear con los coches y la soledad.

Me ha sentado bien adelantar  la salida de Tanzania. Salí de Mbeya esta mañana con el ánimo renovado y con la frontera a 120 kilómetros. 


Se ha producido un cambio radical el el paisaje; esta no es la Tanzania de la sabana que he venido recorriendo. Ahora me encuentro entre montes con valle muy fértiles y donde todos los rios que he visto llevan agua, algo imposible de ver hasta ahora. Esto es tierra de agricultores. 



Se les ve por la carretera portando azadas y maquinas de sulfatar. A lo largo de 70 kilómetros he visto plantaciones de patata, tomate, repollo, mucho repollo. La carretera está invadida por los agricultores que venden productos de la huerta y no falta de nada. Y  lo más llamativo es ver permanentemente eucaliptos y pinos, algo impensable allá por la sabana. 


Y mucho plátano, enormes extensiones de este producto. En fin, que a veces parecía que viajaba a través de cualqueira de las carreteras y paisajes de la querida Galicia.

A mi paso por todos los pueblos he vuelto a ver lo que ya es una constante, niños, montón de niños ociosos, sin ir a la escuela, solo jugando. Pienso que es un drama que los niños no vayan a clase  y lo agrava el hecho de que el gobierno no ponga los medios para escolarizarlos, incluso con una enseñanza obligatoria. 


Pero lo cierto es que estos chavales están siempre con el ojo en la carretera y no se les escapa que un muzungu camina en bicicleta. Corren a mi encuentro, llaman mi atención y siempre, siempre me saludan. A veces soy yo quien para a saludarlos, y esta mañana lo hice un par de veces porque estaban jugando a dar patadas a una pelota extraña. Les pedí que me la enseñaran y resultó estar hecha de bolsas de plástico atada con cuerdas. La verdad es que tenia una textura como gomosa y era agradable al patearla. Y así el ingenio de los niños es suficiente para paliar la falta de una pelota de goma que nadie tiene por aquí. 

He pedaleado desde las seis  y media de la mañana hasta las tres de la tarde con parada relajada para comer. El tiempo se tornó algo fresco y unas nubes bastante negras fueron motivo suficiente para negarme a dormir en mi tienda de campaña. Alquilé una modesta habitación con sábanas limpias y me he aseado. No digo duchado porque el agua caliente me la trajeron en un cubo, la mezclé con fría y he quedado tan agusto.




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