sábado, 9 de junio de 2018

8 junio 2018 Paseando Nairobi

PATEANDO NAIROBI

La visita a la ciudad salió mejor de lo esperado. Mi idea era ir  solamente al Museo Nacional, pero mi anfitriona, Rosemary,  de Safary Homestay tenía que hacer la compra en el Mercado Central y la acompañé en todo el proceso. Dadas las circunstancias fue una suerte pues la experiencia fue impagable.

"Muzungu", así te llaman como extranjero algunas personas ofreciéndome sus mercancías mientras camino por el mercado. El hombre blanco está contento por lo que ve y pisa. Yo, piso agua y barro que me recuerda a los caminos del pueblo de mi infancia. Hay sobre este suelo cientos de puestos de mercancía atendidos por una legión de hombres y mujeres. Nos movemos por estrechos y sinuosos senderos sorteando sacos, cestos, y codos. Hay una riada de gente que pulula como hormigas para un lado y para otro sin un aparente sentido. Pero sí todo está organizado, siguen un caótico orden que te atrapa y te deja boquiabierto.

Y comienza la compra. Rosemary camina y yo detrás de ella sin perderla de vista al tiempo que aprieto contra mí la bolsa con mis pertenecias para no dar facilidades a algún listo de entre la multitud. Casi de inmediato se acerca a ella un chico joven y entablan conversación. Luego ya me di cuenta que era un enlace con alguno de los puestos del mercado y que obtenía una comisión si la compra se hace donde el te indica. Además, y muy importante, iba a ser el porteador de las compras de Rosemary. Así pues, recorremos el mercado buscando la compra. Caminamos mucho y ello me dio la oportunidad de fijarme bien en todo. No creo que haya algún vegetal sobre la tierra que no se pueda conseguir aquí, y ello significa que la explosión de colores es increíble; desde un simple limón hasta caña de azúcar se encuentra de todo. Mi anfitriona regatea el precio en cada puesto, los precios no figuran a la vista. Algunas piezas que le sirven no le gustan y las retira para disgusto del vendedor. Se nota, sin duda, que esta chica ha lidiado mucho en esta plaza, nunca mejor dicho.


Un saco con patatas primero y un montón de bolsas a continuación fueron aumentando el peso que nuestro amigo iba a llevar a la espalda fuera del mercado. Y justo a la salida, el saco es portado por otro al que el primero contrató o subcontrató, que yo ya me estaba perdiendo entre tanta negociación.

En fila india, los tres, Rosemary, yo y el porteador, por este orden empezamos un peregrinaje de unos veinte minutos a pie entre coches y gente cruzando calles embarradas que se iban aclarando a medida que nos adentrábamos más en el centro de la ciudad y las vestimentas del obrero de brega se iban transformando lentamente en prendas más propias de un empleados de oficina,

Solo con esta experiencia no prevista en mis planes de viaje ya me hubiera quedado contento, pero aún me dio tiempo a visitar el Museo Nacional, así que mi anfitriona se fue a otros asuntos y yo pateando la ciudad hasta el museo.

Había leído alguna opinión en foro de viajeros que alguien lo calificaba como de visita prescindible. Afortunadamente me pareció un museo interesante y lo disfruté. Saqué algunas fotos para quien las vea se pueda hacer una idea.

Entro y me encuentro a tamaño natural un elefante y una jirafa. En espacios sucesivos hay un montón de fauna salvaje que impresiona, pero lo "bueno" es que están disecados, así de no hay problema. Que todos los que coincidan en mi camino de los próximos días sean igual de pasivos. Me impresionó el esqueleto de un cocodrilo cuyas vertebras de su columna  eran como mi cabeza. Y para los amantes de la ornitología hay una sala que les debe dejar en shock por lo fantástica que es la colección.

Fin de la visita y regreso andando al lugar donde concerté para regresar a casa. Puedo certificar por experiencia propia que los keniatas son súper amables. A mi me dieron toda clase de explicaciones a cada pregunta mostrando una gran cortesía  y nunca prisa.

La experiencia última del día fue viajar un "matatu" de vuelta al alojamiento. La mini furgoneta no arranca hasta que se llena, incluso, las catorce plazas se convertirán en dieciocho o veinte porque siempre hay un sitio más con buena voluntad y sin que nadie proteste. Nos  apretujados y punto. Es el "hoy por mi y mañana por ti" que se da en otros países de África y Sudamericana. Hay frenazos bruscos que te catapultan hacia delante porque a un aviso de su ayudante, el conductor para para recoger pasajeros o dejarlos en cualquier punto del trayecto. Este ayudante es un tipo peculiar que observa el camino con la cabeza y/o el cuerpo fuera aporreando la puerta para avisar al conductor  cada vez que un viajero desea bajarse. Mientras, en su mano porta un gran fajo de billetes.


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